Por: Gerardo Torres Valdés
Antonio Gramsci decía que se produce una crisis cuando “lo viejo muere y lo nuevo no acaba de nacer”. En efecto, nos encontramos en un interregno en el que se gesta un nuevo orden mundial en los planos geoeconómico y geopolítico. La política exterior de muchos países y la forma en que se relacionan con otros Estados cambiarán, especialmente en la región latinoamericana.
En los últimos años, se ha intensificado en el ámbito académico un debate entre especialistas en diplomacia y relaciones internacionales en torno a la necesidad de construir una mayor autonomía estratégica en un mundo cada vez más fragmentado. En este contexto, las potencias medias y los países de América Latina deberán definir cómo gestionar sus relaciones con las principales potencias del sistema internacional: Estados Unidos y China. Esta disyuntiva adquiere especial relevancia debido, por un lado, a la creciente capacidad económica de China para financiar proyectos de infraestructura y canalizar capital privado hacia distintas regiones del mundo; y, por otro, a la capacidad de Estados Unidos para ejercer influencia política, económica y estratégica sobre otros Estados, con implicaciones directas sobre sus márgenes de autonomía y soberanía.
Para ello, se propone que América Latina y las potencias medias adopten el No Alineamiento Activo (NAA) como estrategia principal, destacando estas últimas por su mayor autonomía derivada de su peso económico, político, militar y posición geográfica. Pero antes de entrar en la definición de tal estrategia y en sus pormenores, definamos qué es la potencia media. Este concepto aún no ha terminado de delimitarse en el ámbito académico; no hay consenso sobre su significado. De acuerdo con Holbraad (1984) las potencias medias son aquellos “Estados situados entre las grandes potencias y los Estados menores en términos de recursos materiales, medibles a través del PIB, el gasto militar, la población o el tamaño territorial”. En un documento elaborado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) , organismo de investigación del Ministerio de Defensa integrado en el CESEDEN que analiza temas de seguridad y defensa, se argumenta que existen elementos comunes que definen a una potencia media tales como: la diplomacia de nicho, la construcción de coaliciones y la función de puente entre las grandes potencias y los Estados más pequeños. En este mismo documento se recoge el análisis de Meghan O’Sullivan, Rana Mitter y Moeed Yusuf sobre su proyecto Middle Powers, en el que definen a las potencias medias por su posición geopolítica frente a Estados Unidos y China, relevancia político-económica para la seguridad regional y capacidad para incidir en cuestiones globales. Por la reconfiguración geoeconómica y geopolítica entre Estados Unidos y China actual, se puede argumentar que la definición que mejor caracteriza a la potencia media, en estos momentos, es aquella que tiene un posicionamiento geopolítico, de mayor o menor cooperación en diversas áreas, pero principalmente centrado en seguridad, comercio y tecnología, frente a alguna de estas dos grandes potencias.
Ahora bien, ¿qué es el NAA? Este concepto proviene de una amplia discusión en América Latina de quienes en su momento ocuparon cargos dentro de los asuntos exteriores de sus respectivos países, así como en el ámbito académico; es una doctrina política basada en el pragmatismo, restándole importancia a lo ideológico, fundamentada en el supuesto de que en un sistema internacional dividido la autonomía es un elemento estratégico fundamental. Como menciona Jordi Bacaria i Colom en la publicación número tres de 2026 de la revista Foreign Affairs Latinoamérica, el NAA “no implica una confrontación con Estados Unidos, sino redefinir la relación regional con Washington sobre bases menos asimétricas”; esto se amplía tanto para las potencias medias como para América Latina. El NAA tenía en un principio un enfoque dirigido a América Latina y países del Sur Global; sin embargo, debido a los últimos acontecimientos geopolíticos, en artículos académicos y revistas especializadas se ha comenzado a discutir la necesidad de que también las potencias medias tengan una política exterior basada en un NAA. A modo de análisis, podríamos señalar que las potencias medias son México y Brasil en América Latina, y España, Italia, Polonia y Países Bajos en Europa.Evidentemente, tanto para algunos países de América Latina, como para algunas potencias medias europeas, será más difícil tener una autonomía estratégica, por lo que tendrán que coordinarse más con alguna de estas dos superpotencias, como es el caso de México, que por geografía y peso económico (más del 80% de sus exportaciones se dirigen a Estados Unidos) tendrá que alinearse con Washington. La mayoría de la región latinoamericana, así como las potencias medias europeas, pueden adoptar un NAA; en unas cuestiones tendrán que tener una alianza estratégica con Estados Unidos; en otras tantas con China. Estamos viendo indicios de que en algunos países de América Latina el NAA se está aplicando en la práctica. A pesar de que Ecuador es miembro del Escudo de las Américas (una iniciativa auspiciada por la administración trumpista para reunir a gobiernos aliados en la región so pretexto de cooperar en materia de seguridad), recientemente su presidente, Daniel Noboa, realizó una visita de Estado a China para impulsar mayor cooperación económica con la potencia asiática.
Noboa en sus discursos se ha presentado como un fiel defensor de Trump en la región; pero la realidad económica termina por imponerse a la realidad política y Ecuador ve con buenos ojos la llegada de más capital chino. Uno de los resultados que ha dejado el neoliberalismo es que la economía no entiende los tiempos de la política, terminándose por imponer la primera sobre la segunda. También está el caso chileno. Entre el 18 y el 22 de agosto, el ministro de Exteriores de Chile, Francisco Pérez Mackenna, visitó China para abordar el futuro de las relaciones bilaterales.
Antes de su visita, el ministro declaró ante los medios de comunicación que “China es un socio fundamental” y calificó la relación con el país asiático de interés estratégico para el Estado chileno . No será nada sencillo para el gobierno estadounidense implementar un neomonroísmo en América Latina. Cabe recordar que el principal socio comercial de Sudamérica es China, cuando hace 26 años ese lugar lo ocupaba Estados Unidos.
En el plano comercial, los chinos le han ganado la partida a los estadounidenses en América Latina, sobre todo en Sudamérica. Para cuestiones de seguridad, los países de la región latinoamericana tendrán una coordinación más cercana con Estados Unidos claramente, sin embargo, desde la perspectiva económica, hay que ver qué hará Estados Unidos para posicionar sus intereses en la región frente al gigante asiático, sobre todo porque la estrategia de imponer aranceles no parece inhibir la cooperación comercial entre sus aliados latinoamericanos con China.
Las potencias medias europeas se encuentran en otra tesitura. En el caso de España, en los últimos cuatro años ha adoptado una posición más cercana a China. El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha visitado China en cuatro ocasiones en los últimos tres años con la finalidad de impulsar una mayor cooperación cultural y económica. Desde el gobierno central chino se ha enfatizado mucho en la importancia que tiene la paradiplomacia como mecanismo de cooperación bilateral entre los países, en este aspecto, la paradiplomacia entre España y China es un hito significativo que se viene desarrollando de manera paralela a los temas tratados entre los gobiernos centrales, prueba de ello es el II Diálogo de Alcaldes China-España, que se está celebrando del 25 al 31 de agosto en las ciudades de Beijing, Yantai, Yangzhou y Shanghai.
España debe ser pragmática y cautelosa con Estados Unidos. El comercio al tratarse de una facultad supranacional que maneja la Unión Europea, permite a España contar con mayor autonomía en este tema frente a Estados Unidos. Tampoco es que la relación comercial entre Estados Unidos y España sea significativa. España solo exporta, según datos de 2025, el 4,9% de sus bienes a Estados Unidos, que supone unos 18.000 millones de euros, una cuota porcentual que lo hace menos dependiente que países como Italia (10,7%) o Alemania (9,9%). En tanto que, Estados Unidos exporta a España unos 23.000 millones de euros.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Mundial de Davos que se llevó a cabo en enero del presente año dijo que los países, ante la reconfiguración del orden mundial, deberán adoptar una estrategia de “geometría variable”, es decir, una cooperación entre coaliciones en las que el pragmatismo sea el eje fundamental con el objetivo de negociar asuntos trascendentales como es el comercio, la IA y la seguridad con las dos grandes superpotencias del momento: Estados Unidos y China. La geometría variable a la que alude Carney tiene el mismo fin que el NAA.
Para las potencias medias, como bien señala el director para Asia en el Foreign Policy Research Institute, Michael Beckley, “el reto ya no es cómo evitar elegir, sino cómo elegir un patrocinador sin convertirse en un peón”.
Los patrocinadores en este caso serían Estados Unidos y China.Las potencias medias y América Latina deberán tener una política de NAA donde la estrategia fundamental sea aplicar una geometría variable a fin de no asumir demasiados riesgos políticos que atenten contra su soberanía económica y de seguridad, permitiéndoles tener una autonomía estratégica respecto a China y Estados Unidos en la medida de lo posible.
