EGEO | Análisis de Coyuntura Internacional
En diciembre de 2025, una versión extendida de la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos comenzó a circular en Washington. Su contenido más disruptivo: la propuesta de constituir un nuevo foro de grandes potencias denominado “Core 5” (C5), integrado por Estados Unidos, China, Rusia, India y Japón.
La Casa Blanca negó la existencia de versiones alternativas del documento
Sin embargo, la filtración —verificada por “Defense One” y “Politico”— instaló el debate sobre una posible reconfiguración estructural del orden internacional. Desde el marco analítico de los “Núcleos de Poder Funcional (NPF)”, desarrollado por EGEO, la propuesta del C5 no resulta sorprendente. Al contrario: constituye una expresión institucional de una lógica de poder que ya opera en la práctica.
Una selección funcional, no ideológica
El criterio de membresía del C5 es revelador. A diferencia del G7 —cuya pertenencia exige economías avanzadas y sistemas democráticos— el C5 agrupa a países con poblaciones superiores a los 100 millones de habitantes y con peso económico-militar determinante.
La condición ideológica desaparece
Lo que permanece es la capacidad funcional. Esto es precisamente lo que el marco NPF sostiene: el poder contemporáneo no se organiza en torno a afinidades políticas ni valores compartidos, sino al control de funciones críticas del sistema global. Tecnología, finanzas, energía, coerción, narrativa y demografía son los vectores reales de influencia. Las alianzas, en este esquema, son instrumentales. El C5 es la institucionalización de esa lógica.
La distribución funcional en el C5
Analizado desde los NPF, cada miembro del C5 aporta un perfil funcional diferenciado: Estados Unidos conserva la primacía en tecnología y finanzas, con influencia significativa sobre la narrativa global. Su objetivo dentro del C5 sería anclar su posición sistémica en un formato que reconozca el multipolarismo sin ceder la centralidad. China ingresa con masa industrial, demografía y una creciente capacidad tecnológica. Su estrategia de sustitución y autonomía —visible en semiconductores, infraestructura y moneda digital— la posiciona como el actor con mayor potencial de disrupción funcional a mediano plazo.
Rusia aporta energía y coerción. Su rol en el C5 sería el de una potencia disruptiva con capacidad de presión geoestratégica, particularmente sobre Europa. Su inclusión en el foro implica, de facto, una normalización de su estatus como actor indispensable.
India ocupa la posición de bisagra. Con una demografía en ascenso y un talento tecnológico en consolidación, mantiene autonomía estratégica respecto de los dos grandes bloques. Su inclusión en el C5 es coherente con una estrategia de equilibrio que maximiza su margen de negociación.
Japón representa el nodo tecnológico-industrial del Indo-Pacífico. Su presencia otorga al C5 una cobertura regional que ningún otro miembro podría sustituir, y actúa como contrapeso implícito a la expansión china en el área.
Lo que el C5 revela sobre el sistema internacional
La propuesta del C5 confirma tres tendencias que el marco NPF identifica como estructurales en el sistema internacional hacia 2030: En primer lugar, la “fragmentación funcional”: el orden global se reorganiza en torno a quién controla qué función crítica, no en torno a bloques ideológicos. El C5 es el primer intento formal de institucionalizar esa lógica. En segundo lugar, la “interdependencia conflictiva”: los cinco miembros del C5 son simultáneamente rivales y socios en distintos núcleos. EE.UU. y China compiten en tecnología mientras podrían cooperar en estabilidad financiera. Rusia presiona a Europa pero necesita mercados asiáticos. Esta coexistencia de cooperación y competencia es la norma, no la excepción. En tercer lugar, la “competencia por cuellos de botella”: la exclusión de Europa del C5 no es accidental. Refleja que ningún Estado europeo controla, de forma soberana, un núcleo funcional irremplazable a escala global. La Unión Europea posee capacidad regulatoria, pero carece de autonomía estratégica en energía, tecnología y coerción.
Conclusión
El C5 no es una alianza en sentido clásico. No implica valores compartidos, compromisos de defensa mutua ni arquitectura institucional consolidada. Es, en términos funcionales, un mecanismo de gestión entre los actores que controlan los núcleos críticos del sistema global. Su emergencia —incluso como propuesta informal— señala que la lógica que EGEO describe a través de los NPF no es prospectiva: ya es operativa. El orden que viene no se construye sobre ideología. Se construye sobre funciones.
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Christian López / Director de EGEO
